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lunes, 5 de marzo de 2012

Huaraz y la Cordillera Blanca


Cuentan la leyenda que un joven cusqueño de nombre Huasacar, se enamoró de Huandy, la hija del gran jefe de un pueblo de la región de Ancash. Su amor era imposible porque no se permitían matrimonios entre diferentes pueblos. Por ello, los enamorados decidieron huir.
La ira del gran jefe al saber sobre su desaparición hizo que los encontrara y los amarrara en palos en la parte más inhóspita de la cordillera blanca. La venganza era aun más terrible pues los enamorados podían ver el sufrimiento hasta la muerte del otro. Huascar juró vengarse. Empezó a llorar, y ella también lloró, y lo hizo hasta secarse por dentro; de las lágrimas de la doncella se formó el lago Chinanchocha (laguna hembra), y de las de Huáscar, el lago Orconcocha (laguna macho).
Al ver tanto amor, el dios sol se compadeció de ellos y apoyó la venganza de Huáscar. Lluvias, truenos, rayos y granizo fue lo que envió, y fue tanto y por tanto tiempo que cubrió a los cadáveres, convirtiéndolos así en los nevados Huascarán (por Huáscar) y Huandpy (por Huandy). Pero la venganza no quedó ahí: en 1970, el Huascarán dejó caer 10000 toneladas de hielo sobre los pueblos de toda esta región cumpliendo con ello su promesa de venganza.
Según dicen, se cree que en 100 ó 200 años los nevados se quedarán sin nieve y Huáscar y Huandy revivirán y se encontrarán nuevamente, siendo esta vez para toda la eternidad.
 
Sabiendo esto, nosotros teníamos que ver estas lagunas. Dejamos atrás Chachapoyas en un autobús que tras 15 horas nos dejó a las 3 y media de la mañana en el sórdido Chimbote. La suerte quiso que una combi de pescadores dicharacheros y mercaderes nos llevara hasta Huaraz.
 
La postal es hermosa. En la falda de la cordillera blanca se encuentra esta amable población, campamento base para el parque nacional. El Huascaran  pico mas alto de Perú con 6768 metros nos miraba amenazante. Las lagunas están a 3800 metros y su  color es de un intenso turquesa, lo más parecido al mar Caribe en agua dulce. El tiempo y la lluvia no nos permitieron alcanzar la laguna 69, dicen que la más bella; a  4400 metros.
 
Tiempo tuvimos para relajarnos en las termas de Chancos a orillas del río. Le estamos cogiendo el gustillo a remojarnos en aguas medicinales con los Andes como fondo.
También conocimos la cultura Chavin una de las mas antiguas de Perú. Practicaban la cirugía en una parte del cerebro para prevenir enfermedades. Imagino que muchos morían como resultado.
 
Nos despedimos del norte de Perú y enfilamos para el sur. Dejamos atrás Lima que lo veremos mas adelante. Hasta ahora hemos conocido una buena variedad de culturas antiguas, y muchas más nos hemos dejado por ver. Parece como si el Perú fuera una de las cunas de la civilización en este continente.




















martes, 12 de julio de 2011

Más leyendas nicaragüenses

Hemos querido ahondar más en las leyendas nicaragüenses y así buscarles su explicación lógica. Para esto nos hemos servido de una enorme cantidad de información de San Google, de algún libro especializado,  de las historias que nos han ido contando la gente del lugar pero sobretodo museo de mitos y leyendas de la ciudad de León, antigua cárcel. Les dejamos algunas fotos del museo y la selección de leyendas de Nicaragua. Esperamos que les guste.










 


El Coronel Arrechavala

Llegó a Nicaragua en el siglo XVIII enviado por el Rey de España Carlos II de Borbón. Se queda en León por las 10 minas de oro. Actualmente solo hay una en funcionamiento, mina Limón. Uno de los principales promotores de la adhesión de León al Imperio mexicano de Iturbide, fue conocido por su fuerte partencia a la iglesia como precursor de muchas de las catedrales de León. También se le conoce como asesino de indios. Cuentan que descabezaba a todos los que pasaban en frente de sus casas en el barrio de Sutiaba. Arechavala, así como muchos oligarcas de la época, enterraba sus riquezas, y se dice que quien compraba una casa suya se hacía rico porque en sus paredes había escondidas tinajas llenas de oro.
La leyenda dice que después de muerto sigue cabalgando por sus calles asustando a sus habitantes montado en su caballo lujosamente vestido con charreteras, fajas y espuelas de oro. Solo se deja ver por las mujeres, por lo hombres no se deja ver, aunque pueden sentir su látigo. 





La Tacunuda

Se dice que era una mujer alta joven, pelo largo que le llega hasta la pantorrilla, delgada, zapatos de tacón; de ojos y labios pronunciados, pintados y risueños. A los 20 años la casan con un militar español que la maltrata y esta entra en depresión y se suicida.

La leyenda dice que sale de noche y un  fuerte aroma de perfume la envuelve. Sale en busca de los hombres valientes. Los lleva a la plaza del pueblo, dejándolos adormecidos y desnudos para avergonzarlos



La Mocuana

La Mocuana fue la bella hija de un cacique del valle de Sébaco (Matagalpa) que se enamoró de un conquistador español. El conquistador fingió un amor recíproco y la convenció para que le enseñara el lugar donde su padre tenía guardados todos sus tesoros. La Mocuana lo llevó y una vez allá, el español tomó todo lo que pudo y la encerró. Aunque ella conocía bien el lugar y pudo salir, la actitud de su amante la volvió loca y desde entonces busca venganza. Ataca de noche a los hombres invitándoles a seguirla hasta su cueva. Nadie le ha podido nunca ver el rostro, solamente su larga y cimbreante figura y su preciosa cabellera.




La chancha bruja y las ceguas

Según los indios de Monimbó, hay mujeres que en la noche se convierten en brujas: chanchas, micos o ceguas. El objetivo primordial de estas transformaciones es ejercer venganza o causar daño a hombres y mujeres, por causa de celos, rivalidades, despechos o enemistades por motivos pasionales.

Las chanchas brujas andan en las calles y caminos siempre al trote. Son chanchas de tamaño grande, negras y embadurnadas de lodo podrido. Apenas divisan a la persona “señalada”, aligeran el trote y comienzan gruñir fuertemente, con un gruñido que se caracterizan con el ciclo.

Ya cerca de la persona, la envisten fuertemente. Al día siguiente la victima aparece molida y mordida, y con los bolsillos vacíos.

Las ceguas son mujeres de apariencia desagradable, vestido de hojas de guarumo y dientes recubiertos de cáscara de plátano verde, de manera que cuando hablan se les oye la voz cavernosa y hueca.
Ellas solo tienen un decidido afán: perseguir a los hombres tunantes e infieles y castigarlos. Las ceguas lo golpean, lo aruñan, lo pellizcan, le frotan la cara y los brazos y lo tiran exánime al suelo y allí lo dejan y se retiran, luego, carcajeándose.



Gigantona y enano cabezonLa gigantona representa a la mujer española, de una forma burlesca, satírica, que a pesar de su belleza, los indios la hacen bailar al son de sus tambores. Por este motivo el indio se siente superior a la española ya que la hacen bailar al son que le toquen.

El indio se representó en el enano cabezón, sometido a la creada e impuesta superioridad del colonizador, pequeño de estatura pero grande de cerebro lo que alude a la inteligencia del hombre nicaragüense. La relación del Enano y la Gigantona es un reflejo de la naciente y más tarde encarnizada lucha entre las distintas clases sociales. 





Toma tu teta

Mujer de cara amarga y cuerpo desproporcionado que a pesar de ser heredera única de toda la fortuna de sus padres, nunca pudo conseguir un pretendiente, por lo que valiéndose de su bien conformado cuerpo, salía a las calles y escogía al hombre que más le gustaba, lo agarraba y no lo soltaba y sacando su pecho les decía: “Toma tu teta, toma tu teta, toma tu teta” hasta que les metía el enorme pezón en la boca y cuando quedaba satisfecha los soltaba. Se les dice a los hombres que por la noche les gusta salir, que no lo hagan, sino cuando se emborrachen le saldrá “Toma tu teta”.





El padre sin cabeza

Cuenta la historia que en la época de la colonización española, los hermanos contreras se dividieron tres cuartas partes de Nicaragua con toda su población. El fraile Antonio de Baldieso, defensor de los indígenas, lo asesinaron à manos españolas por considerar su actitud conspiradora frente a los intereses de los oligarcas españoles. Lo decapitaron y su cabeza rueda por las calles de la ciudad de León, apareciéndosele a los hombres y mujeres que trasnochan.














Después de habernos empapado bien de todas estas leyendas nicaragüenses nos sale una duda obvia. ¿por qué todas tratan de conquistadores españoles podridos de dinero que mataban a los indios y/o engañaban a sus mujeres convirtiéndose estas en despechadas en busca de venganza?


Lo primero es una cuestión de historia. La conquista española se hizo con sed de oro; y las atrocidades incontextualizables que se cometieron, marcaron ya a sangre y fuego la cultura de las generaciones siguientes. Es algo que sigue muy presente en la cultura nicaragüense y aun hoy los niños nos preguntan que porque les hemos quitado todo su oro.


Lo segundo tiene que ver con el género. La conquista fue hecha por hombres que  de siempre han sido los que han escrito la historia. Imaginamos que por este motivo no han querido mostrarse en mal lugar en sus páginas amarillentas. Creando la imagen de una mujer poco fiable, oscura y vengativa, esconden o expían sus propias culpas. Como dice Gioconda Belli “las mujeres entrarían a la historia por necesidad": necesidad por parte de los hombres, de proyectar y no asumir responsabilidades; necesidad de justificar el orden patriarcal y las actitudes androcéntricas. Este mito viene ya de lejos siendo Eva la que ofreció la manzana a Adán.
Lo tercero es el carácter de un pueblo pobre y oprimido. A través de las leyendas tiene la oportunidad para vengarse de su opresor, reclamando justicia y exponiendo su opresión de la manera más cruda. Las relaciones de poder con las que se relaciona todo lo anterior, son la perfecta olla para cocer mitos sobre opresor/oprimido o relaciones hombre/mujer y tener como resultado una estereotipada realidad con la que poder seguir justificando la lógica social en la actualidad.

domingo, 3 de julio de 2011

El jaguar


Cuenta Felipe, padre de Eduardo, que hace casi 50 años, regentaba un hotelito con su hermano cerca de la entrada de Selva Negra.
 Pasaba todas las mañanas por la puerta, un campesino que cultivaba coles en una parcela anexa al hotel. Este, llegaba con la yegua, la amarraba al borde del camino y se adentraba para sus labores a unos 150 metros. Un mañana de verano, escuchó un enorme estruendo en el camino. Se acercó corriendo para ver lo sucedido. Lo que vio allí le hubiera helado la sangre a cualquiera. En el lugar donde había estado la yegua, descubrió un charco y de sangre y un rastro selva adentro, selva tupida. Inconscientemente siguió la pista. Cien metros después, encaramada a un árbol, halló a la yegua, o los restos que quedaban de ella. Descubrió horrorizado que le faltaban los cuartos traseros, las ubres y toda la parte del abdomen. No había más pistas, ni rastro del asesino.
-Esto sólo podía ser obra de un jaguar, uno grande - pensó el campesino. Los jaguares son muy poco comunes y difíciles de ver; pero en verano, temporada donde la comida escasea; si es necesario salen de la espesura para cubrir sus necesidades. Seguramente el animal se había saciado y había considerado dejar las sobras a salvo en las ramas de un árbol para otro momento de hambre.


El caso es que el campesino se propuso vengar la muerte. Se fue a casa, a pie, agarró su escopeta de 5 cartuchos y volvió al lugar del crimen. Se subió a un árbol cercano al de la yegua, amarró su cuerpo a las ramas con una cuerda e hizo lo mismo con la escopeta.  Se dispuso para esperar en silencio al asesino. Pasó la noche y no hubo señal del animal pero cuando empezaba a clarear escuchó unos ruidos.




Al verlo desde arriba lo primero que pensó es que era muy pequeño como para subir el cadáver de una yegua a las ramas de un árbol.  Parecía que no le había visto y esperó a tener visión de tiro. El animal subió al árbol donde estaba la yegua para repetir el festín y justo en ese momento el campesino disparó dándole en un costado y cayendo este al suelo. Pero el animal no estaba muerto, y se disponía ahora a subir al otro árbol, donde estaba el campesino que ya había quedado descubierto por el ruido del disparo. Este le asestó otro tiro, esta vez en el pecho, dándole muerte.
-Puro cuento para niños – dijo sobre esta historia el Doctor Gonzalo Navarro de 80 años, que había vivido en la selva cuando joven y su opinión es muy respetada por haber sido alcalde de Matagalpa y estar licenciado en leyes. – Los jaguares no tienen tanta fuerza como para levantar una yegua en el aire-
No sabemos la verdad, pero lo que si sabernos es que Felipe jura que el cuerpo del animal no era tan pequeño como le había parecido al campesino desde la altura, pues cubría toda la tina de su camioneta, que los colmillos eran de largos como los dedos de un hombre, que su hermano conserva aun la piel negra y moteada del animal, y que la cabeza la exhibe glorioso  el campesino en su casa, contándole al que pasa esta historia con una mezcla de orgullo y tristeza por la pérdida.

Hemos encontrado en Wikipedia algo que puede apoyar la versión del campesino:

“El jaguar es un carnívoro felino del género Panthera y la única de las cuatro especies actuales de este género que se encuentra en América. También es el mayor felino de América y el tercero del mundo, después del tigre y el león. Su distribución actual se extiende desde el norte de México y gran parte de Centroamérica hasta el Perú, Paraguay y el norte de Argentina.
Se encuentra emparentado y se asemeja mucho en apariencia física al leopardo (Panthera pardus), pero generalmente es de mayor tamaño, cuenta con una constitución más robusta y su comportamiento y hábitat son más acordes a los del tigre. Si bien prefiere las selvas densas y húmedas, puede acomodarse a una gran variedad de terrenos boscosos o abiertos. Está estrechamente asociado a la presencia de agua y destaca, junto con el tigre, por ser un felino al que le gusta nadar.
Es fundamentalmente solitario y un cazador que tiende emboscadas y oportunista a la hora de elegir las presas. También es un superpredador y una especie clave que desempeña un importante papel en la estabilización de los ecosistemas en los que habita, regulando las poblaciones de las especies que depreda. El jaguar tiene una mordedura excepcionalmente potente, incluso en comparación con otros grandes felinos,3 lo que le permite perforar los caparazones de reptiles acorazados como las tortugas y utilizar un método poco habitual para matar: ataca directamente la cabeza de la presa entre las orejas para proferir un mordisco fatal que atraviesa el cráneo con sus colmillos alcanzando al cerebro.4 5
El jaguar está calificado en la Lista Roja de la UICN como «especie casi amenazada» y su número está en declive.1 Entre los factores que lo amenazan se incluyen la pérdida y la fragmentación de su hábitat. A pesar de que el comercio internacional de jaguares o sus partes está prohibido,6 este felino muere con frecuencia a mano de los humanos, especialmente en conflictos con rancheros y granjeros. Aunque reducida, su distribución geográfica continúa siendo amplia. A lo largo de la historia, esta distribución le ha otorgado un lugar prominente en la mitología de numerosas culturas indígenas americanas, como los mayas y los aztecas.
El jaguar es un cazador más dado a preparar emboscadas que a la persecución. Se desplaza sigilosamente por caminos del bosque, escuchando y acechando la presa antes de lanzarse sobre ella o prepararle una emboscada. Ataca desde su escondrijo con un salto rápido, habitualmente desde un punto ciego del objetivo; la capacidad de emboscada de esta especie está considerada casi sin parangón en el mundo animal tanto por los indígenas como por los investigadores de campo, y son probablemente producto de su papel como superpredador en distintos entornos. La emboscada puede incluir saltar dentro del agua para perseguir la presa, pues es capaz de llevar una de buen tamaño nadando; su fuerza es tal que puede cargar con cadáveres tan grandes como el de un novillo hasta lo alto de un árbol que sobresalga del nivel del agua.47“

sábado, 4 de junio de 2011

La Serpiente de Apante




Después de nuestro último post sobre las leyendas Centroamericanas;  hemos querido buscarle la verdad a la quimera y llegar hasta el fondo de la cuestión.  Para ello nos hemos propuesto desenredar el entresijo de la serpiente de Matagalpa, literalmente ir en su busca; y si fuera necesario, atarla de nuevo. No íbamos solos. Contábamos con la ayuda de un guía local y amigo, Toño.




Lo primero fue ir a la catedral, pues según la leyenda la cabeza del monstruo se encontraría allí. A simple vista no se veía tal cabeza, debía ser algo más sutil o estar mejor escondida.  Lo que más nos sorprendió fue encontrar en su altar mayor una imagen de Cristo con la sangre verde. ¿Tendría esto algo que ver con la serpiente? Seguimos investigando. Fue una iglesia construida por los jesuitas cuando los expulsaron de Guatemala. Se cuenta que para su construcción, señoras de alta posición, acompañadas de sus hijos, acarreaban arena en canastos con el fondo recubierto con hojas de banano, para que no se filtrara la arena desde la "Poza de La Culebra". Las piezas iban encajando pero había un mutismo entre los parroquianos y no nos quisieron contar más, quizás porque nos íbamos acercando a la verdad. 




La siguiente parada fue en la quebrada del Yaguare, ubicada en el barrio de Palo Alto, camino al cerro. Su forma serpenteante indicaba que el cuerpo del reptil podía estar debajo. La subida fue dura y los lugareños nos miraban entre sorprendidos y divertidos. Llegamos arriba y todavía ni rastro del animal. El camino se puso más verde y el día era luminoso. Había granjas de vacas y sembrados a ambos lados.





Encontramos el sendero para subir al cerro. La cola de la serpiente debía estar encima de todo. Esta sería nuestra última oportunidad de encontrarla y resolver el misterio. El camino transcurría cerca de un riachuelo, y nos íbamos encontrando multitud de plantas, animales y extrañas formaciones rocosas a nuestro paso. Muchos de los árboles estaban cubiertos de “paste” un parásito que los muestra como decorados con cinta gris.











Cuando íbamos subiendo el aire se paró en seco, y debido a la humedad asfixiante y a falta de un desayuno nutritivo, nos tuvimos que ir parando para abanicar a Bea. Una ceguera blanca no la dejaba continuar. ¿Acaso la serpiente consumía su oxígeno?






Los buitres nos empezaban a sobrevolar, y esto fue el mejor empujón para llegar a la cima. 




Una vez arriba las vistas eran increíbles. Se podía ver todo Matagalpa, la Catedral blanquísima con sus cúpulas y parecía mentira que hubiéramos subido tanto.  Disfrutamos del paisaje por un tiempo y descansamos. Había allí una trinchera en tiempos de la guerra civil, desde donde se podía bombardear las localidades cercanas.






Se empezaba a hacer tarde y teníamos que bajar; pero no lo queríamos hacer por el mismo lugar por donde habíamos venido. Seguimos un camino horizontal y salimos a una finca de café y aguacate. De ahí,  a la carretera hacia Matalaga por un camino sinuoso.











Otro misterio sin resolver; otra quimera a la lista. A la serpiente no la encontramos. Parecía que hubiéramos seguido un rastro lleno de pistas hasta un callejón sin salida. Está claro que no se puede equiparar una leyenda a la realidad, pero ¿cómo no guiarse por su misterio e ir en su busca?

Galeano dice sobre la utopía:
“Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. A pesar de que camine, no la alcanzaré nunca. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para esto: para caminar”